Comentarios de velorio…
. Seguramente usted a tenido la triste oportunidad de asistir a un funeral, o como le llaman en algunos lugares velatorio, vela o velorio. Habrá notado que es casi imposible escuchar un mal comentario del difunto, todos comentan situaciones jocosas u ocurrencias divertidas del occiso, otros cuentan anécdotas o buscan entre sus recuerdos las cosas buenas que hacia el finado. Y, aunque esas cosas buenas se cuenten con una sola mano y sobren dedos, nadie se atreve a decir lo malo que hizo el ahora fallecido.
Curiosamente había un hombre cuyo nombre era Velorio, que muerto de cirrosis hepática por sus constantes borracheras, fue velado en su pueblo natal. Algunos borrachos e indigentes fueron la única compañía de Velorio el día de su velorio. Pero, aunque todos hablaban de lo rufián, mentiroso, aprovechado, vicioso y pervertido que era, todos terminaban diciendo “pobre Velorio”. Y es que todos los que lo conocían, al poco tiempo, se daban cuenta del enorme vacío que había en su corazón…
Odiado por algunos y despreciado por su familia, Velorio, murió una calida noche de Julio, en su cuarto de mesón donde vivía solo con su gato, casi cincuenta años después de venir al mundo. En su velorio solo una humilde anciana de tez morena, que caminaba con dificultad, se acerco al féretro y con un beso sobre el cristal, le dijo hasta pronto. Era su madre, que nunca perdió la esperanza de ver a su hijo sobrio y con una familia bonita, pero que, con tristeza, se despidió de él sin haber visto a su hijo como una persona de bien, amado y respetado por su familia y vecinos.
El apóstol Pablo, escribe en su carta a los Filipenses:
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Más si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” Fil. 1:21-24
Vemos que Pablo declara estar “puesto en estrecho” o como decimos “entre la espada y la pared” Pues él anhela estar con Cristo y sabe que no podría hacerlo en la carne, pero también desea quedarse más tiempo para continuar trabajando en beneficio de la obra del evangelio de Jesucristo.
Pablo es un hombre común, con defectos y debilidades como nosotros, pero encontró en Cristo un motivo para vivir y al mismo tiempo un motivo para no tener miedo de morir. No debemos ver a los apóstoles como seres sobrenaturales o perfectos, pues sabemos que eran tan pecadores como nosotros. La diferencia está en su corazón, el cual entregaron por completo a Jesucristo, de Él obtuvieron la fuerza, convicción y determinación de ser una nueva persona, tan nueva como si hubiesen vuelto a nacer. Por eso Cristo le explica a Nicodemo que le es necesario nacer de nuevo. (Jn. 3:1-8)
Velorio tuvo innumerables oportunidades de cambiar su vana manera de vivir, personas de diferentes congregaciones le buscaron con el mismo amor de Cristo, para que obtuviera la fortaleza para salir de sus vicios y enderezar su camino, pero cualquier excusa era buena para darle la espalda a Dios. El pretexto que más usaba era el clásico “no estoy listo…” tan usado por los que prefieren sus amigos, el sexo, parrandas, drogas, borracheras o el dinero, en lugar de pensar en lo que ocurrirá con ellos cuando mueran. Si Velorio hubiese aceptado alguna de esas invitaciones para buscar a Dios, en su velorio, todos habrían hablado de su cambio, de su nueva forma de vida, de su nuevo corazón, aunque no hubiese sido un predicador de pulpito, hubiera predicado a Cristo con su testimonio y su diario vivir.
No importa su condición social, raza o creencias, todos hemos de morir, y cada día que pasa esta más cerca ese día. Por eso deberíamos vivir preparando el camino para el día de nuestro propio velorio, un camino que no debemos andar solos, sino tomados de la mano del Señor.
Es una verdadera lastima que usted lee hoy estas líneas y todavía desprecia el regalo de la salvación y la nueva vida que le ofrece Dios a través de su Hijo Jesucristo. Quizá usted también diga: “no estoy listo…” como Velorio, pero si usted muere hoy, jamás llegará a estar listo. Arrepiéntanse, busque a Dios, solo Él puede hacer los cambios que usted necesita en su vida. Animo! No desfallezca, Jesús no vino al mundo por los santos, sino por los perdidos… sálvese hoy! Cristo es su Respuesta.
Bendiciones.
Eduardo Castillo
